domingo, 29 de julio de 2018

Claroscuro: entre lo efímero y el mito

Acerca de la obra de Fátima Ruiz, fotografía.

Hace cosa de un mes se me encargó una reseña para la presentación de una joven artista. Fotógrafa, seguramente de nacimiento y por supuesto de vocación.

Narciso
Con gran emoción y muchísima ilusión por este encargo inesperado e inmerecido - ya que mi aproximación a su arte es la de una persona, ajena a la escritura y la crítica artística de una forma técnica, que se zambulle en en la contemplación del arte como mero observador y con la empatía que me otorga la dedicación a este mundo al menos en lo íntimo -, me puse manos a la obra, primero con el pensamiento, conscientemente y también en lo subconsciente, buscando no sólo la razón sino y sobre todo, las palabras que vienen a tu encuentro, que surgen del fondo de esa laguna de sensaciones que transmite una pieza artística cuando la observas dejándote ir por su interior.

Después de unos días de ese contacto con las obras de Fátima, deambulando como sombras fugaces y juguetonas por mi mente, me decidí a escribir.

Una mínima estructura de planteamiento: ya se sabe, introducción, desarrollo, conclusión. Y con un límite numérico en palabras para describir lo intangible.

Y tal como surgen las cosas de la creación, apareció el texto. Sintiéndome más un instrumento de mi yo más escurridizo y esquivo, surgió, palabra por palabra, y espero que a pesar de este método tan poco metódico de crítica o reseña, sirva aquí como introducción a una obra que, en realidad, no precisa ninguna.




CLAROSCURO: ENTRE LO EFÍMERO Y EL MITO.
Fátima Ruiz es una artista de la fotografía con una gran producción y de una madurez que sorprende por su juventud. Con una amplia cantidad de recursos recrea personajes y ambientes con la aparente facilidad del que respira.
Samori
Su obra habla por sí misma sin rechazar la herencia cultural occidental que forma parte del legado artístico que nos es propio, pues vemos reminiscencias de romanticismo literario, ubicado en la tradición neogótica: Poe, Blake, Polidori, M. Shelley, Bécquer, y del simbolismo pictórico revisitado con un tenebrismo cuyas influencias van desde Caravaggio hasta Goya. En esta línea destaca una obra que representa un rostro desgarrado, desposeído de materia, parafraseando al artista contemporáneo Nicola Samori (1977), un artista que explora este terreno expresivo en sus pinturas (con más distancia a F. Bacon en Inocencio X).
Venus del espejo
Este es un  arte fotográfico que en esencia se antepone a la época de la fotografía, buscando un lenguaje anterior al romanticismo, llevando sus temas más allá en el tiempo hasta el mismo barroco, con fuertes claroscuros donde a pesar de la extrema nitidez fotográfica  la ausencia de luz en grandes zonas nos obliga a recrear el entorno en el cual la imagen nos sumerge. Recordemos cómo en sus inicios el arte fotográfico, con el pictorialismo pretendía ser similar funcionalmente a la pintura del momento, impresionista, pero esta aproximación era tan sólo visual, ya que por otra parte la fotografía ya es técnicamente una “impresión”, una instantánea. El arte se retroalimentaba, pintura y fotografía y viceversa.

Les Fleurs du mal.

El concepto de tiempo que encontramos en la obra de Fátima está referido al tiempo representado, no al aspecto visual de temporalidad. En ocasiones es la eternidad o la mitología como parte de esa misma eternidad, mitos y leyendas que seguimos encontrando en la actualidad,  o la fugacidad, el “tempus fugit” (Valdés Leal). Un concepto, el del paso del tiempo - tema eterno del arte que fue una de las mayores preocupaciones artísticas del barroco- así como los mitos, que subyace en la muestra. La fugacidad de lo terrenal y los mitos siempre unidos: la muerte y la eternidad.

“Elogio de la sombra”*, referido a todo lo que queda de incierto en aquello que no alcanzamos a conocer. La sombra y la luz, cambiante, transformadora, efímera, nos invita a descubrir la realidad por sus volúmenes, por el tacto, buscando certezas donde la penumbra lo inunda todo.



En este nuevo “revival” del siglo XXI, el revisionismo de los clásicos más cercanos -que nos descubrieron los horrores del miedo y la locura (Goya) o el miedo a lo desconocido, a lo que no podemos ver o comprender (Bram Stocker)- es el material más vanguardista y atrevido que he visto en los últimos tiempos. Sencillamente brillante.




 *Debiéndole esta expresión a Junichiro Tanizaki, resulta, en un sentido occidental, muy apropiado en este trabajo.

(Este texto fue escrito a mediados de junio pero hasta ahora no he podido editarlo como se merece)


Todas las imágenes pertenecen a Fátima Ruiz Photography  y han sido cedidas por ella para esta publicación.


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