jueves, 23 de mayo de 2019

El galo moribundo.

Quizás no hubiera nada de extraño en aquella forma de mirar.
Es posible que todos tengamos ese nudo en el estómago
que se puede ver en nuestros ojos, esa tristeza de la ausencia.

Recuerdo aquellos ojos que amargamente sonreían,
como galo  moribundo, que no desea lo que siente,
que siente que muere lentamente mientras aún está aquí.

Recuerdo el miedo en los ojos ocultando la verdad, la sonrisa
velada en los labios, las palabras no pronunciadas.
La voz enmudecida o queda por ese abismo de realidad.

La boca seca de temor y un no saber hasta cuándo y hasta dónde.
El deseo y el miedo de ser absorbido por el vacío estremecedor
de la muerte, de la soledad más hiriente, y aún así seguir presente.

El deber de seguir hacia delante como un autómata imperecedero
sin imágenes que recordar, sin nada más que sentir
que el sabor ácido que muestra en ese rictus indescriptible.

Y unos ojos que suplican ayuda mientras parecen sonreír desde
lo más profundo, y él con la cuerda alrededor del cuello
como una sentencia que espera el último golpe para ser cumplida.


domingo, 29 de julio de 2018

Claroscuro: entre lo efímero y el mito

Acerca de la obra de Fátima Ruiz, fotografía.

Hace cosa de un mes se me encargó una reseña para la presentación de una joven artista. Fotógrafa, seguramente de nacimiento y por supuesto de vocación.

Narciso
Con gran emoción y muchísima ilusión por este encargo inesperado e inmerecido - ya que mi aproximación a su arte es la de una persona, ajena a la escritura y la crítica artística de una forma técnica, que se zambulle en en la contemplación del arte como mero observador y con la empatía que me otorga la dedicación a este mundo al menos en lo íntimo -, me puse manos a la obra, primero con el pensamiento, conscientemente y también en lo subconsciente, buscando no sólo la razón sino y sobre todo, las palabras que vienen a tu encuentro, que surgen del fondo de esa laguna de sensaciones que transmite una pieza artística cuando la observas dejándote ir por su interior.

Después de unos días de ese contacto con las obras de Fátima, deambulando como sombras fugaces y juguetonas por mi mente, me decidí a escribir.

Una mínima estructura de planteamiento: ya se sabe, introducción, desarrollo, conclusión. Y con un límite numérico en palabras para describir lo intangible.

Y tal como surgen las cosas de la creación, apareció el texto. Sintiéndome más un instrumento de mi yo más escurridizo y esquivo, surgió, palabra por palabra, y espero que a pesar de este método tan poco metódico de crítica o reseña, sirva aquí como introducción a una obra que, en realidad, no precisa ninguna.




CLAROSCURO: ENTRE LO EFÍMERO Y EL MITO.
Fátima Ruiz es una artista de la fotografía con una gran producción y de una madurez que sorprende por su juventud. Con una amplia cantidad de recursos recrea personajes y ambientes con la aparente facilidad del que respira.
Samori
Su obra habla por sí misma sin rechazar la herencia cultural occidental que forma parte del legado artístico que nos es propio, pues vemos reminiscencias de romanticismo literario, ubicado en la tradición neogótica: Poe, Blake, Polidori, M. Shelley, Bécquer, y del simbolismo pictórico revisitado con un tenebrismo cuyas influencias van desde Caravaggio hasta Goya. En esta línea destaca una obra que representa un rostro desgarrado, desposeído de materia, parafraseando al artista contemporáneo Nicola Samori (1977), un artista que explora este terreno expresivo en sus pinturas (con más distancia a F. Bacon en Inocencio X).
Venus del espejo
Este es un  arte fotográfico que en esencia se antepone a la época de la fotografía, buscando un lenguaje anterior al romanticismo, llevando sus temas más allá en el tiempo hasta el mismo barroco, con fuertes claroscuros donde a pesar de la extrema nitidez fotográfica  la ausencia de luz en grandes zonas nos obliga a recrear el entorno en el cual la imagen nos sumerge. Recordemos cómo en sus inicios el arte fotográfico, con el pictorialismo pretendía ser similar funcionalmente a la pintura del momento, impresionista, pero esta aproximación era tan sólo visual, ya que por otra parte la fotografía ya es técnicamente una “impresión”, una instantánea. El arte se retroalimentaba, pintura y fotografía y viceversa.

Les Fleurs du mal.

El concepto de tiempo que encontramos en la obra de Fátima está referido al tiempo representado, no al aspecto visual de temporalidad. En ocasiones es la eternidad o la mitología como parte de esa misma eternidad, mitos y leyendas que seguimos encontrando en la actualidad,  o la fugacidad, el “tempus fugit” (Valdés Leal). Un concepto, el del paso del tiempo - tema eterno del arte que fue una de las mayores preocupaciones artísticas del barroco- así como los mitos, que subyace en la muestra. La fugacidad de lo terrenal y los mitos siempre unidos: la muerte y la eternidad.

“Elogio de la sombra”*, referido a todo lo que queda de incierto en aquello que no alcanzamos a conocer. La sombra y la luz, cambiante, transformadora, efímera, nos invita a descubrir la realidad por sus volúmenes, por el tacto, buscando certezas donde la penumbra lo inunda todo.



En este nuevo “revival” del siglo XXI, el revisionismo de los clásicos más cercanos -que nos descubrieron los horrores del miedo y la locura (Goya) o el miedo a lo desconocido, a lo que no podemos ver o comprender (Bram Stocker)- es el material más vanguardista y atrevido que he visto en los últimos tiempos. Sencillamente brillante.




 *Debiéndole esta expresión a Junichiro Tanizaki, resulta, en un sentido occidental, muy apropiado en este trabajo.

(Este texto fue escrito a mediados de junio pero hasta ahora no he podido editarlo como se merece)


Todas las imágenes pertenecen a Fátima Ruiz Photography  y han sido cedidas por ella para esta publicación.


miércoles, 25 de julio de 2018

La búsqueda improductiva.

Resultado de imagen de Pigmalion
https://www.elpensante.com/mitologia-pigmalion-y-galatea/
Jean-Léon Gérôme Óleo sobre lienzo. 88.9 X 68.6. 1890. 
Arte académico.

Un extraño poder me congela,
nada puedo hacer,
observo callada, inmóvil
el espacio que me acoge.

Siento la sangre recorrer mi cuerpo,
el aire que transita por él,
aprecio mi boca húmeda y sellada.
Mi lengua presa.

Mis pies ausentes de sí mismos.
Como estatua de frío mármol y manos estériles
soy testigo del tiempo que discurre
y no volverá.

Veo la eterna inmutabilidad
pues nada cambia en la realidad más pura
asistimos a un sueño, una ficción,
teatro de ironía y esperpento.

Así es, y sin embargo
seguimos esperando
descubrir un día que somos 
lo que soñamos.




jueves, 12 de octubre de 2017

Tóxicos.

No soy yo
quien no entiende,
no quiero que me mires 
y no halles humanidad.
Simplemente es eso.

No soy yo
quien se engaña,
y no creo que nadie pueda
solventar los errores
de los otros.

Abro los ojos
y veo náufragos, 
buscamos la tabla que nos salve
pero tú aún  no sabes
que estás perdido. 

Y te apoyas 
sobre el cieno del que huyo,
creyéndote firme,
buscas a tientas
tu flamante vida nueva.

Pero te evitas.
Mírate y límpiate luego.
Sal del fango
y comienza este día
sin temores.

Soy un navegante sin brújula
en la infinitud de esta ciénaga
de pérdidas y ausencias.
Una rémora ciega sin guía,
entre la oscuridad  y el tiento.

Somos tóxicos como el pez araña
intentando sobrevivir
uno contra otro, todos,
en pos de un mañana
que no es diferente.







miércoles, 26 de octubre de 2016

Última hornada: boles de cerámica para el té.

Soy una consumidora del té tanto como por su sabor en su gran variedad como por el ritual personal que implica, al menos en parte, de tranquilidad, introspección personal, experiencia de uno mismo y de la interacción con el grupo social con que fraternizamos.

El hecho de que en muchos aspectos amo la cultura japonesa, en concreto su forma de convertir el momento del té en algo místico, y de que encuentro gran satisfacción en la producción de productos cerámicos ha desembocado en la afición por la realización de tazas y boles para este uso cotidiano que permiten disfrutar cada uno de estos pequeños momentos de la belleza de la cerámica manual.

Confluyen de esta forma tres aspectos, el disfrute del tiempo y la conciencia del mismo, en compañía o en soledad, el sabor ancestral de las tisanas de té, que personalizan cada situación, y la apreciación táctil y visual de la superficie cerámica.

Deseo que os gusten.






















martes, 11 de octubre de 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Indagación

Eres uno más.
Eres ese que nunca existió
y, sin embargo, te reconozco.
Eres más yo de lo que nunca fui.
Te hablé de mí y ahora
me veo en tus imágenes.
Busco mi adn en ellas
y sólo yo misma veo
su génesis.

Te conté de dónde vengo
y cuál era mi destino
ahora un espejo me devuelve
el mapa de mi ruta.


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