viernes, 26 de julio de 2013

Lapsus.


Tenía ojos del color del mar en invierno, indefinibles. Profundos. Miraba sin fijar la vista, como muy por detrás de cualquier cosa que tuviese delante. Parecía anulada, ausente. Sí, su mente se había parado a las cuatro y veinticuatro de la madrugada de aquel día. Para el resto del universo así era pero ella seguía reviviéndolo todo cada minuto de su existencia sin que nadie se percatara.  Después de aquello - la discusión, el accidente - nunca volvió al mundo de los vivos y se quedó atrapada  en esos trece minutos, en ese lapsus... Mientras le daban la comida, y masticaba y bebía, la vestían y la llevaban caminando al parque cogida del brazo, ella estaba en aquel coche, por una autopista, a 155km/h, llovía, y me gritaba, lloraba, pegándome como podía..., perdí el control del volante..., pero en la cabeza de Josefina ocurría todo una y otra vez, caimos por el puente, nos golpeamos contra la superficie del agua del pantano, nos sumergimos. Y me rompí el parietal, traumatismo craneoencefálico, mi muerte fue instantánea. Ella fue rescatada pero en su pensamiento nunca consiguió salir de aquel coche.

Me quedé en este recuerdo que no era tal, digamos en esta otra realidad, para que no estuviera tan sola luchando con aquella culpa que no era sólo suya.

Yo ya no la quería, se lo dije. Iba a dejarla, pero ahora ya, qué más da.
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