miércoles, 10 de abril de 2013

De repente, un extraño.

Irrumpes en mi vida, me destrozas y me dejas,
y me destrozas.

Creo demasiado, y espero, quiero, doy, renuncio, permito, me abandono.
Entonces te vas.

No queda nada.
Sólo silencio.
Formas abstractas
y sonidos de lejanas campanillas habitan ahora mi soledad.
Diapasón agudo de la muerte,
las campanillas, ese acúfeno que me persigue,
viene de nuevo
a llenar este vacío.
Falsas melodías de la nada,
llenan la noche temprana de mi vida.

El dolor de tan compacto y obtuso ya no lo siento.
Insensible mi alma se gangrena.
Sólo percibo el tiempo, que pasa,
tan lento, tan exhaustivo e implacable.





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