martes, 2 de agosto de 2011

Dos perros y una mujer.

Él era un hombre maduro, su vida se resumía al presente. Nunca se preocupaba por el mañana, ni tenía recuerdos precisos ni cuentas pendientes, el dolor por ellos lo había eliminado y era feliz. Quizás en aquel momento no tenía ya nada en qué pensar, sólo esperar. Esperaba el amor. El amor incuestionable de sus dos perros, Sara y Muso, que siempre le acompañaban sin pedir nada a cambio, salvo, a lo sumo, un paseo por las brisas marinas de la costa. Y el amor de una mujer que sólo existía en su mente, y a la que dedicaba poemas con gran fruición... poemas eróticos, cargados de pasión, envueltos finamente por las palabras que, fluyendo despacio, iban abriéndose lentamente para desprender poco a poco esa atmósfera de calidez más propia del sueño que de la consciencia. Entre estas nieblas de sopor fantástico se redimía del pasado y el futuro, con sus tres amores.


Crepúsculo. Mar Menor, 2009.
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