sábado, 17 de diciembre de 2011

La batalla de los sentidos.

Crónica de una guerra.

Entre bocadillos de chorizo y anillas de calamar un poema destila su sustancia como el ectoplasma de un espíritu que aún está tratando de ver la luz. Sin paz, el poema vuela y se desliza en la búsqueda de oídos sensibles a su mensaje.

Muchas bocas salivan a la vista de los manjares culinarios y las lenguas emiten ruidos sin tregua declarando la guerra a los oídos. El poema, esquivo a la frivolidad del rojo charcutero, huye y escapa.

Los oídos no encontramos el poema, no entendemos su mensaje porque en el fragor de la batalla el mensaje de los justos es débil.

Yo sólo he venido a comer, declaman las lenguas, ¿de qué me sirve un poema?¿de qué me alimentará el quejido de un violín?, ¿es que no puedo reírme? dicen algunas.

Pero es el alma del poema y el violín quien puede acallar el fuego de las papilas gustativas más caprichosas y superficiales. Y se hacen con la plaza, victoriosos, conquistan los corazones. El bar es nuestro.


sábado, 26 de noviembre de 2011

Lagartos.

Quizás hoy sea uno de esos días en que uno se encuentra tan extraño dentro del propio cuerpo que lo que nos toca vivir nos parece ajeno y obtuso. Nuestra actitud ante los hechos, a veces, no parece consecuencia de la voluntad. Más bien de otra que nos maneja que nos vapulea, estruja, voltea... Hay veces en que no se tiene la sensación de poder elegir lo que uno persigue o busca..., si no más bien, de que intentamos achicar agua y cerrar las  brechas que aparecen a cada momento y por sorpresa... Hoy parece ser otro de esos días en que el ánimo sólo te permite sobrevivir, seguir cada segundo, a avatares sin tregua ni aviso previo.

Quizás sea hoy uno de esos días en que vemos las cosas que suceden a nuestro alrededor grises y sin tonalidad, como cuando en el procesador de nuestro pc no están habilitadas las opciones. No se permite el acceso, ¿existe otra voluntad o quizás se trata de una causa desconocida, incomprensible para uno, por la que las cosas son de esta o aquella forma?

Quizás sea otro día en que las cosas son como son, y tú, uno mismo, eres una más en el conjunto. Un elemento más. No percibes tu influencia en este cosmos, como tampoco nada ni nadie puede apreciar la suya, acaso alguien pueda intuirla, sospecharla, a lo sumo sentirla subjetivamente.

Quizás tan sólo estamos de la manera más indolora posible, todos, como lagartos al sol.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Los otros.

Cierto es que son tantas las veces que siento admiración por muchos de los que me rodean y esta es infinita, que me hacen verme pequeña y pobre. Pero es cierto también que entonces aprecio que todos somos iguales en importancia en el equilibrio universal... Para mí, lo esencial es la reverencia a la naturaleza y a aquel conocimiento que deviene de su entendimiento, aquellas personas que se aproximan desde su humildad a este equilibrio interior que permite la comprensión de la naturaleza y los fenómenos del universo, y que precisamente, reconocen su exiguo conocimiento, pues para ellos ésta es su única certeza. Porque por éste, por el conocimiento, podemos llegar a comprender cuán ignorantes somos, esas son las que me parecen más sabias y las auténticas merecedoras de mi reverencia. Los demás, famosos o ignotos, ricos o no, hábiles con el verbo o la mano o no, ..., y yo somos como gotas de agua en el centro del big bang.

martes, 8 de noviembre de 2011

El juego del ciego.

El camino de los días nos hace sentir a veces como un ciego. Intentando defendernos de los tropiezos y golpes, cuya experiencia nos trajo en el pasado errores y sufrimientos, medimos lo nuevo que nos acontece de lo cual percibimos una pequeña porción, con aquella misma vara empírica. Y, ah, de cuando en cuando, las más insospechadas,  caemos otra vez en un gran error, y es que no vemos que la misma medida no sirve para todas las ocasiones.

El juego de la vida es así de impredecible.


lunes, 3 de octubre de 2011

Pequeños entornos conocidos.


Tarjeta de la Exposición.



 El espejo. 2000. 41x33 cm. Óleo.



Habitación azul. 2001. 81x65 cm. Óleo. 


Anturios. 2000. 81x100. Óleo.



 La salamandra. 1999. 100x81 cm. Óleo.


Verdicio. 2000 73x50 cm. Acrílico y óleo.



Naufragio. 2001. 65x50 cm.



El lirio. 2000.81x65 cm. Óleo. 


 Tijera. 2001. 41X33 cm. Óleo.


Vaso. 1999. 41x33 cm. Óleo.

Exposición realizada en 2001, con cuadros en su mayoría al óleo, 
pero que fue tomando forma a lo largo de mucho tiempo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Un mar entre extraños.



Alguien dijo "Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años".

Se encontraron en un hotel de magníficos salones, donde se desenvolvía con la soltura de quien está habituado a los espacios y al trato distante de sus habitantes ya familiares para él, sin embargo.

Tomó una caña, mientras le preguntaba cosas con curiosidad, con calma, con seguridad y absoluto dominio de la situación, como si aquello importara realmente, pero disfrutando el momento. Ella dudó si tomar té o una coca-cola. Sus ojos, en un tono que alguien podría describir como grisazul, la miraban sin atisbo de timidez ni quiebro. Y una sonrisa velada y amable, que sólo reflejaba la satisfacción de descubrir un nuevo paisaje desde la ventana de la propia casa, señoreaba en su semblante. Paisaje que, si bien le sorprendía, no le proporcionaba tampoco el efecto de asomarse a un abismo, como quizás él esperaba de este encuentro. No halló adrenalina, si no un sabor como a té matcha - el té de ceremonia-, indefinible, apenas sentido, pero, no obstante, extraño y largo.

Decidieron cambiar de escenario y como ya habían previsto fueron a una playa cercana. Él previamente se cambiaría. La ropa de oficina no era adecuada obviamente para la excursión. Ella le esperó en el nártex de aquella catedral de lujo y ocio. J.C. salió con su bolsa Samsonite y sus Ray Ban, hacia su auto, un BMW deportivo y todoterreno, como si ese coche fuera la prolongación de su ser.

Al llegar a aquella duna, que servía de parking habilitado tiempo atrás, domada para este uso, bajaron de los coches y fueron hacia la playa. Los comentarios propios de dos desconocidos eran los únicos que aparecían ahora, tanto como habían hablado, reído y bromeado por correo electrónico antes de verse. Él, que miraba hacia el horizonte del mar desde la misma orilla, le recordó a aquel Friedrich, “El paseante sobre un mar de niebla” (donde un hombre examina, de espaldas al observador del cuadro, el lejano infinito), y ella sentía como si escuchara su pensamiento... como si, en la soledad de las olas, le oyera pensar “¿qué hago yo aquí?”. Y se volvió hacia M. diciendo ¿no te inspira el mar? .Para ella esta situación era ya común, cada vez se veía más rodeada de extraños, pero había aprendido a aceptarlo, a convivir en esta sensación de íntima soledad que recorría el paso de sus días. Desde lejos llegaban los gritos de unos niños que jugaban en la rompiente. Y la marea, como la vida, seguía desvelando cada ola, cada segundo.

J.C. le había prometido ser totalmente transparente a partir de ahora, pero qué importaría ya si estas fuesen sus iniciales o no, si era de Chile o de Quebec con padres españoles, qué importaba ya si ella conseguiría sembrar sus obras con palabras de mar... Ya no volverían a hablar, la nube tampoco sería nunca más un lugar común.

Él había obtenido la respuesta aquella tarde de brisa. Las olas rebajaban la arena bajo sus pies.

Ella volvería a su silente existencia.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Las horas muertas.




Exposición de pintura realizada en 2007, en
Cartagena, para la Galería Bambara.










Se trata de un trabajo en su mayoría  al óleo,
aunque también hay acrílico y técnicas mixtas,
donde se combinan bodegones y paisajes
urbanos  como espacios del individuo.







Catálogo: LAS HORAS MUERTAS

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