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sábado, 3 de abril de 2021

Ser una hormiga.

 Es difícil ser una hormiga, trabajo duro para un ser pequeño, pero una hormiga es infatigable.

Dentro de un hormiguero hay diferencias pero, una hormiga es una hormiga. La percepción del mundo a ras de suelo, pero siempre con la mirada puesta en un objetivo concreto, marca la vida aunque llevada por el trabajo cotidiano e incesante eres ignorante de la condición con la que naciste.

Una hormiga, eres eso tan sólo, una minúscula unidad más en el masivo refrendo del hormiguero. 

Lo mejor de ser una hormiga es que todas las hormigas tenemos una única y última función social, una función específica, una búsqueda concreta y un fin común. 

https://images.app.goo.gl/s19caDE6E3v6cTLA7

Al fin y al cabo, todas somos pequeñas y somos hormigas.

jueves, 12 de octubre de 2017

Tóxicos.

No soy yo
quien no entiende,
no quiero que me mires 
y no halles humanidad.
Simplemente es eso.

No soy yo
quien se engaña,
y no creo que nadie pueda
solventar los errores
de los otros.

Abro los ojos
y veo náufragos, 
buscamos la tabla que nos salve
pero tú aún  no sabes
que estás perdido. 

Y te apoyas 
sobre el cieno del que huyo,
creyéndote firme,
buscas a tientas
tu flamante vida nueva.

Pero te evitas.
Mírate y límpiate luego.
Sal del fango
y comienza este día
sin temores.

Soy un navegante sin brújula
en la infinitud de esta ciénaga
de pérdidas y ausencias.
Una rémora ciega sin guía,
entre la oscuridad  y el tiento.

Somos tóxicos como el pez araña
intentando sobrevivir
uno contra otro, todos,
en pos de un mañana
que no es diferente.







miércoles, 22 de mayo de 2013

Alma mía.

Mi cabeza..., la siento vacía, me duele la nuca, me duele el estómago, mi corazón está solo hoy. Me siento sola en este invierno que se instaló aquí, como en el jardín del gigante egoísta.

El alma dolosa, disfraza su pesar entre los recodos del cuerpo y decimos y sentimos que todo duele. Pero qué cuerpo no se quejaría cuando ella, a la que acoge y alberga, no deja de llorar. ¡Ay, alma llorona...!

Me duele hasta el alma de tanto penar mi cuerpo por su llanto. ¡Ay, alma llorona...!

Llegará la primavera y las rosas perderán sus espinas para que sientas su caricia y las margaritas te enviarán con sus pétalos amarillos los rayos de sol, alma mía. Las nubes te acunarán para que no llores más, alma mía.

 No llores más.

jueves, 3 de enero de 2013

Prometeo.


Ahora sólo deseo que las horas
se muestren más propicias, que los fastos
demoren su presencia, porque otro
año más como éste puede acabar conmigo.
-De   "Nochevieja"-. Ángel Paniagua.


Tengo el cuerpo molido a soledades. Soy un animal buscando abrigo. Soy vulnerable a la intemperie y sin embargo sigo rodando como un guijarro cualquiera. Nada puede dañarme pero me siento débil.

Tengo el cuerpo molido a soledades. Soy un Prometeo, dolido y doliente, revivido y muriendo simultáneamente. Desde el fino cristal de mi aislamiento veo transcurrir mis horas eternas. Veo pasar vuestros días lentamente. Las tardes de ellos en la sombra fresca. La vida de los otros.

Me abandono a mí misma, ahí te quedas -me digo-. Y siento mi ausencia, esa angustia que me trepa el alma, pienso si es que quizá ya he muerto. Ese vacío, ese silencio. Sabor a hiel. Estoy todavía.

Cada año últimamente me pregunto si este será el que podrá conmigo, como diría el poeta. Y pronto empieza otro año, de nuevo. 


Y yo tengo el cuerpo molido a soledades.





                                                                                                   Dedicado  a Ángel Paniagua.



jueves, 6 de septiembre de 2012

Sueño

Las hojas que caían a mi alrededor me desnudaban del aire que me cubría, con una caricia de desapego, suavemente caían. Este leve cambio de mi entorno más cercano en aquella foresta me sobrecogía, entre el silencio otoñal del bosque maduro, susurros de hojas desprendiéndose, cayendo hacia su descomposición. Breves pinceladas ocreamarillo, amarillo pálido, se fundían plácidamente sobre una envolvente penumbra verdosa próxima a su ocaso. Sentía el musgo fresco bajo mis pies mientras flotaba en su aroma. Extendí mis brazos bajo aquella llovizna glauca, pálida, y la luminosa penumbra verde que salpicaba. Y calaba mis huesos, calaba mi alma. Y cambié, desperté.

sábado, 24 de marzo de 2012

Se busca

Quise dejar de ser yo misma, enajenarme, huir de mi presente y de mi pasado y explorar otros futuros. Acariciar los rostros desconocidos, en las fotos de un día de primavera que no fuera mío y pensar aquéllas imágenes de mi infancia como un sueño eterno que no se me desvaneciera. Me imagino con mi cara, una cara que no conozco. Y me deconstruyo, me quito el pelo, me quito las cejas -que son lo más humano en unos ojos- me arranco las pestañas, me busco entre los pliegues de mi oreja, y modelo una nueva, querido señor Millaruelo. Ésta nunca más será testigo de tus sonidos de piano emergentes y vivaces, más que en el sueño. Aquel día en que junto a tu mujer tocabas el piano de cola de tu salón con olor a cera y a telas antiguas, a años de paciencia, y construías una arquitectura musical, espontánea y mágica, tus notas se elevaban y quedaron en esa nube ignota, sólo mía. Gloria, tu mujer, con sus ojos verdes de línea verde subrayados, te escuchaba allí como si sólo existierais tú y tu música. Recuerdo este momento, la campana llena de flores secas que me recibía a la entrada de tu puerta, y la bata de rosa inocente de ella, el sol se introducía por entre las densas cortinas como una órbita de minúsculos asteroides de polvo flotando en el aire de la tarde, que yo sólo acertaba a  intuir. Dijiste que te gustaban mis orejas. Años después, me arrepiento de ellas, de mis manos, de mis ojos, que tan poco han visto. De mis pies que hollaron otras muchas tierras y no dieron un paso en firme. Me arrepiento de mi cuerpo inútil, que sólo me sustenta. Y ahora, me pregunto qué me queda, sólo recuerdos, como el de aquella luz junto al aroma del té y las pastas bajo la sombra del adagio que saboreabas al final de tus días junto a Gloria, tu compañera, tu amante, y de tus dulces ojos con la mirada de un niño ilusionado. Y yo me busco en el lóbulo de aquel instante fugaz en que casi  fui otra yo.


domingo, 8 de enero de 2012

El espejo

Me devuelves tu imagen guardada en la memoria como escrita sobre la superficie cristalina de una laguna. Me cuentas, todas aquellas cosas que yo no vi, aquellos pájaros emigrantes surcando tu tiempo. Aquel frío penumbroso que yo creí abrigo. Ahora siento el rumor de tu luz desde el fondo del agua hasta la orilla de mi mañana.

sábado, 18 de junio de 2011

Isabel Guerrero en Lo Ferro.














Una mujer delgada y menuda sube a un austero escenario, vestida de sombra y sangre, su silueta se quiebra ante el micrófono. Isabel Guerrero, descubre su alma con desgarro, con pasión y fuerza de corazón grande, su voz escala las cumbres de la noche. Arriba la luna observa las guirnaldas desde su soledad y una brisa las mece con silencioso vaivén. El cante ya discurre por mi respiración, entrecortada, y mi piel se estremece. Aquella voz, ya libre, juega con el rojo de las múltiples lenguas sobre el patio. La noche se envuelve en misterio bajo el cielo negro.

viernes, 27 de mayo de 2011

Trovador

Caleidoscopio de las palabras. Te dejas atravesar por ellas hasta que emergen de tu corazón a esta playa, donde el viento y a veces la brisa, formando grandes oleadas las arremolina y cierne, como un demiurgo las recoges y las ordenas, con cuidado y delicadeza, una a una las colocas con su natural postura... y así, en ese orden mágico de color semántico y fonético, poético, te rodeas como Alicia, dentro de ti, dentro de tu espejo poliédrico, envuelto en reflejos, fractales de aquello que sientes y que emerge de ti. Observo tu calidez desde el sonido titntineante de las olas meciéndose en la arena... y te veo jugar como un niño con cubo y pala construyendo poemas en tu castillo de espejos mágicos.

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