Me siento.
Percibo mis músculos inmóviles, ese espacio que no existe mientras lo ocupo, la mirada torva hacia mi interior escudriñando el poso que desvele mi destino. Indagando sobre las tabas de un hueco insospechado. Quizá sólo quede el recuerdo de las gotas que se sujetan inopinadamente sobre el cristal. Del presente, los posos. Y después aquí seguiré preguntándome qué hay más allá, mañana y al otro.
En este lugar intento reflejar de forma espontánea y algo anárquica algunas de mis aficicones: las artes plásticas y la escritura. Todas estas manifestaciones son producto de expresión personal y propia.
lunes, 3 de diciembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Sueño
Las hojas que caían a mi alrededor me desnudaban del aire que me cubría, con una caricia de desapego, suavemente caían. Este leve cambio de mi entorno más cercano en aquella foresta me sobrecogía, entre el silencio otoñal del bosque maduro, susurros de hojas desprendiéndose, cayendo hacia su descomposición. Breves pinceladas ocreamarillo, amarillo pálido, se fundían plácidamente sobre una envolvente penumbra verdosa próxima a su ocaso. Sentía el musgo fresco bajo mis pies mientras flotaba en su aroma. Extendí mis brazos bajo aquella llovizna glauca, pálida, y la luminosa penumbra verde que salpicaba. Y calaba mis huesos, calaba mi alma. Y cambié, desperté.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Ínfimo, íntimo, último.
El día es un caleidoscopio de ideas, de emociones tan fugaces... Quién sabe en qué mirada encontraremos esa armonía tan efímera como cambiante de formas, colores y articulaciones que se diría posee vida propia. Esa mirada que no es arrebatada, sustraída como por hechizo, es realmente la práctica de la docilidad ante la maravilla de cualquier mínimo fenómeno capaz de transformar un universo ínfimo o infinito.
Dolor
Muchas formas de dolor experimentamos... la mayoría de las veces es el mensaje de nuestra propia existencia.... El dolor que sin embargo muy humanamente intentamos eludir es la muestra de nuestra lucha por la supervivencia. Verdad es, también, que en ocasiones es tal la intensidad del mismo, y las más de carácter psicológico, que deseamos abandonar la batalla. Y es que el ser humano es la paradoja pura en su forma de enfrentar la existencia.
sábado, 2 de junio de 2012
Aquella señora.
Un día de primavera, en el jardín, estábamos recogiendo algunas rosas, disfrutábamos de la luz tan cálida y suave que nos bañaba con su caricia, esta era casi la única cosa urgente aquella mañana. Ella con su lento caminar deambulaba escorando aquí o allá, apoyándose en las cosas que encontraba a su paso. Tan familirializada estaba con sus limitaciones y las aceptaba que su carácter no se había endurecido con los años, si no quizá todo lo contrario... Debía tener dificultades para moverse en este espacio con sus estrechos senderos... pero amaba tanto el sol de su patio y mi compañía, que para ella esto era la felicidad... esos momentos de felicidad. Mi tita Antonia, así la llamaba yo, era una gran señora, en el aspecto más humano posible.
sábado, 24 de marzo de 2012
Se busca
Quise dejar de ser yo misma, enajenarme, huir de mi presente y de mi pasado y explorar otros futuros. Acariciar los rostros desconocidos, en las fotos de un día de primavera que no fuera mío y pensar aquéllas imágenes de mi infancia como un sueño eterno que no se me desvaneciera. Me imagino con mi cara, una cara que no conozco. Y me deconstruyo, me quito el pelo, me quito las cejas -que son lo más humano en unos ojos- me arranco las pestañas, me busco entre los pliegues de mi oreja, y modelo una nueva, querido señor Millaruelo. Ésta nunca más será testigo de tus sonidos de piano emergentes y vivaces, más que en el sueño. Aquel día en que junto a tu mujer tocabas el piano de cola de tu salón con olor a cera y a telas antiguas, a años de paciencia, y construías una arquitectura musical, espontánea y mágica, tus notas se elevaban y quedaron en esa nube ignota, sólo mía. Gloria, tu mujer, con sus ojos verdes de línea verde subrayados, te escuchaba allí como si sólo existierais tú y tu música. Recuerdo este momento, la campana llena de flores secas que me recibía a la entrada de tu puerta, y la bata de rosa inocente de ella, el sol se introducía por entre las densas cortinas como una órbita de minúsculos asteroides de polvo flotando en el aire de la tarde, que yo sólo acertaba a intuir. Dijiste que te gustaban mis orejas. Años después, me arrepiento de ellas, de mis manos, de mis ojos, que tan poco han visto. De mis pies que hollaron otras muchas tierras y no dieron un paso en firme. Me arrepiento de mi cuerpo inútil, que sólo me sustenta. Y ahora, me pregunto qué me queda, sólo recuerdos, como el de aquella luz junto al aroma del té y las pastas bajo la sombra del adagio que saboreabas al final de tus días junto a Gloria, tu compañera, tu amante, y de tus dulces ojos con la mirada de un niño ilusionado. Y yo me busco en el lóbulo de aquel instante fugaz en que casi fui otra yo.
miércoles, 15 de febrero de 2012
San Valentín. 2012
Una niña me dijo: feliz día. Feliz, feliz noche, felices todos, es el Día de San Valentín. Porque el catorce de febrero es un día para el amor.
Pero hoy muchas personas sufren, hay quien se siente solo, quien entre todos no encuentra su sitio, hay quien no puede hallar los medios porque no tiene para comer, no puede limpiarse los zapatos, hay quien no tiene más que una caja de cartón para protegerse del frío y la de hoy es una gélida noche de San Valentín. Soñarán con los corazones de la Caja Roja, con el amor que un día izaron, con la primera sonrisa de su bebé, con la caricia de su madre, con la mirada cálida de un perro amigo.
Cuando despierten el tímido sol de febrero alargará sus rayos, pero para ellos la pesadilla volverá con el día, otro día que tampoco será San Valentín.
Pero hoy muchas personas sufren, hay quien se siente solo, quien entre todos no encuentra su sitio, hay quien no puede hallar los medios porque no tiene para comer, no puede limpiarse los zapatos, hay quien no tiene más que una caja de cartón para protegerse del frío y la de hoy es una gélida noche de San Valentín. Soñarán con los corazones de la Caja Roja, con el amor que un día izaron, con la primera sonrisa de su bebé, con la caricia de su madre, con la mirada cálida de un perro amigo.
Cuando despierten el tímido sol de febrero alargará sus rayos, pero para ellos la pesadilla volverá con el día, otro día que tampoco será San Valentín.
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