jueves, 9 de enero de 2014

Últimas pinturas: un nuevo comienzo.

Mi última obra pintada, unos pequeños cuadros en temple de huevo, quería que resultaran más frescos, más alejados de la pintura de formas cerradas y contundentes, donde cada objeto es lo que es, es lo que parece ser, lo que representa.

Ahora he preferido una solución más integradora con el fondo que le es propio. Algo más "impresionista" donde el objeto se funda, se contamine del espacio que le rodea, donde todo puede ser así y cambiar en cualquier momento, quiero investigar la apariencia más que el ser en este momento.Todo esto no lo he inventado yo, por supuesto, ya es historia. Pero lo tomo como algo representativo de una nueva actitud. Un deseo de mayor integración con mi devenir. Una forma de sentir más permeable, empezando por los sentidos - la sensación -, pasar luego, a la emoción.

Aceptar el cambio y la influencia del entorno en un objeto, del entorno en mí, del entorno en él mismo. El universo está en un continuo cambio, ¿por qué vemos todo tan inmutable sin embargo?



lunes, 16 de diciembre de 2013

Ya no me siento.


Me busco en el recuerdo


y no estoy
porque no queda nada.

A veces, sólo a veces,
intento pensar en ti,
indago entre los reflejos de tu mirada
pero no estás.
Sólo soy un transitar de los días.
Seguir, seguir, seguir.
Seguir como respirar,
cada bocanada
segundo a minuto
en este hondo
de mi vida
y sin embargo
ya no me siento.

lunes, 9 de diciembre de 2013

A ti, a ellas.

A mi amiga Vero,  tan importante para mi.


"Una cama deshecha, un plato en la cocina con restos abandonados, semillas de jacarandá esparcidas según su albedrío natural en el jardín, tan nostálgico, postigos entreabiertos en las habitaciones."

La casa estaba vacía, pero no lo aparentaba. Sentía su respiración en esos mínimos detalles... Entre pelusas y polvo encontré una huella. Al atravesar un umbral y caminar por aquel pasillo en penumbra oí la losa que solía quejarse al pisarla. Siempre una losa suelta, dejaba escapar un sonido sordo, hueco, recuerdo, y entonces entrabas en el cuarto. Entro y veo esa cama vacía, con las sábanas arrugadas, las almohadas revueltas, el mismo aire que respiramos hace años -aquella última vez en que huimos con urgencia-, pero ahora faltas tú."
¿Estaba soñando? ¿Un déja vu?

Ahora esta casa la habitan las ausencias, los recuerdos, los ecos de voces antiguas. Un ojo rojo en la madera que me mira a través del tiempo desde mi niñez, aquel pequeño lapso de mi infancia que sentó las bases de mi vida. La escoba larga de limpiar los techos de tres metros me habla de ella, la colcha de ganchillo me espera en un baúl, las mosquiteras de las grandes ventanas desde las que escudriñaban las idas y venidas de peatones distraídos... están ahí, ahora, todavía, y son ellas quienes me devuelven la mirada. Y tú, todavía andas por aquí, por mucho que me esfuerce en exorcizarte, tu pequeño naranjo con su azahar, y los muebles de tus abuelos que yo quería decir que también lo eran míos ensombrecen mis mañanas con su negro barniz azabache. Una fotografía tuya encuentro de repente, en un cajón, con un pequeño orificio en la comisura izquierda pero, desde la fina superficie fotográfica, tus ojos me miran y parece que te veo y me ves a través de esta ventana y un leve soplo de viento mueve tu bufanda, el mar detrás de ti humedece el aire. Y cada vez que la puerta roza nuestra alfombra persa nómada pienso que quizás esté desapareciendo por esa leve fricción como tú desapareciste por un no sé qué, pero no del todo... Porque aún sigue aquí y tú no te has marchado todavía. ¿Acaso puede borrarse toda una vida de la mente? ¿No impregnamos con esos gestos inconscientes y con la existencia de algunos objetos  los espacios y los recuerdos, las vidas?

Pues dime, si es que lo sabes, cómo puedo vivir si estoy tan sola pero llevo toda esta carga de mi historia.

Cartagena, a 26 de julio de 2013.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Quebranto


I
Un día de junio. Ya eran las cinco de la tarde. En un bar, mientras tomaban té, ella corregía exámenes, deprisa, no tenía tiempo. Él escribía notas en una libreta, pensativo. Algo en su mente quería salir hacía días pero no encontraba las palabras. Así, de repente, como quien sale al ruedo con el estoque, conociendo tan sólo que ése era su destino, dijo por fin: Anoche te dije que me encontraba mal, que la casa se me venía encima, pero tú, como siempre, te dormiste.
Ella le explicó en su defensa que estaba muy cansada la noche anterior, que necesitaba terminar el trabajo y que había cosas que se podían hablar después... Él prosiguió: Pero lo que quería decir es que ya no te quiero, que no quiero seguir viviendo contigo. (Ella)  Sintió que todo en su cuerpo se descomponía orgánicamente, sus células se movían dolorosamente vaticinando una mudanza forzosa, sólo acertó a arguir que la noche anterior había creído que él, su marido, estaba mal consigo mismo, que no hablaba de los dos. Ésto lo cambiaba todo. No tuvo palabras. Unas lágrimas rebosaban por sus párpados sin que pudiese evitarlo, se deslizaban por sus pómulos imparables, por sus mudas comisuras como las de una estatua de hielo y arrasaban toda una vida juntos. El rostro rígido, contrito por el dolor, era testigo de una condena, en un juicio sin defensa, y ya imaginaba su propia ejecución. Creyéndose inocente de cualquier acusación, intentaba, aún así, descubrir una falta, una demora, una ausencia, para entender.
Recogieron a su hijo, que ya salía de su clase particular, y lo llevaron a casa, aparentando la normalidad más cotidiana en el día más duro de sus vidas hasta entonces. Él quiso sacar al perro a pasear, recurso ya habitual en él, como una válvula que conseguía tranquilizarle, porque en la soledad de aquel abrupto paisaje, con la única compañía de ese animal con quien había compartido sus desvelos, se sentía él mismo. En la casa todo era ella, o al menos así lo sentía, todo le oprimía. Y ahora que se había abierto esa compuerta ya no podía controlar el sentimiento que hacía tiempo no le dejaba dormir.
Ella tampoco se quedó en casa, salió sin rumbo a caminar por esas calles de sol enemigo, buscando refugio en su soledad herida. Sólo intentaba seguir respirando unos minutos más, aunque no sabía cómo aún estaba en pie después de aquel rayo que la sacudió para cambiarlo todo en un minuto. La casa toda entera le hablaba de él, de los años de decisiones y de amor más sentido que manifestado. Ella siempre había creído que compartían todo y a pesar de que últimamente hablaban poco de ellos se decía que esto era por esa sincronización patente que los unía. Ella no necesitaba contarle sus miedos más íntimos porque él los conocía y creía saber de los suyos. Pero esa tarde estar en casa era oír el eco de sus palabras en los muebles, que pertenecían a sus antepasados, de los proyectos que hicieron cuando tiempo atrás, entre los dos, diseñaban cómo reformarla, esa casa, que los acompañaría siempre. Pero juntos. Hizo una llamada por el móvil: Me pasó como a ti con tu mujer. Esta confesión la consoló, le proporcionó algo de fuerza para vivir una noche más. ¿Cómo podía ser ésto?¿Cómo habría ocurrido?¿Dónde habían quedado aquellos cimientos?
Aún podía luchar, proponer... suplicar. Él lo era todo: Podemos vender la casa, el piso, si no quieres vivir aquí... cambiar de ciudad, pedir traslado. La negativa a cualquier propuesta, con los ojos cerrados, moviendo la cabeza, debatiéndose, sin poder esgrimir otra razón que aquella ya pronunciada, ya no te quiero, contigo no, llegó en un oscuro parking. Él ya lo había consultado con sus amigos. Lo había pensado mucho y tomado la decisión. La primera gran decisión que tomaba sin ella era para huir inexorablemente.
Un poeta presentaba un libro, y ellos, al final, después de aquel lapsus de otra realidad, volvieron a discutir: ¿Y qué te han dicho ellos, tus amigos?. -Pues que adelante, pero que te voy a hacer mucho daño.
Ya en el coche, de vuelta a esa cárcel para ambos la ficción de la familia volvió a ser una función: la cena, los deberes, el café, la película, el sofá... Tú te has acostado con alguien, le decía ella en la intimidad de la alcoba transfigurada en una boca que la repelía de su útero maldito. Si había ocurrido algo así, no le importaría tanto, seguía siendo él mismo y lo quería. Pero él insistía: no había pasado eso, simplemente ya no, no la amaba. Pero no te preocupes que no me voy a ir aún. Fué una desconcertante afirmación que añadiría inseguridad y desorientación a la mujer. Que en esta circunstancia ya no se sentía con fuerzas para desplazarse a la gran ciudad y estar todo el largo y caluroso día allí realizando aquel examen que había previsto y él le advirtió: si no vas sólo conseguirás empeorar la situación.



II
Después de comer se sentaron en el salón intentando descansar, con la incómoda presencia del otro, sintiéndose mutuamente observados por un extraño. Él con los ojos entornados, desde su butaca verde, escuchaba a Bob Dylan. Era Dylan, era él mismo. Para ella también.
La mujer abandonando esta habitación, o toda esperanza, se fue a su dormitorio con la vana ilusión de poder zafarse de su mirada interior, pero desde allí todavía podía oír su música. Daba vueltas y el descanso no llegaba. Tenía que hablar de aquello: Ayer fui al psicólogo. Me dijo que hay terapias de pareja, y que a veces funcionan. Ella sintió miedo de las consecuencias que esta iniciativa podía desencadenar. Era consciente, atrozmente consciente, de que este impás no era bueno para lo único que quedaba. Con lo que acababa de decir se rompía el precario equilibrio que permanecía aún entre ellos. Eran dos luchadores en la cuerda floja y la cascada comenzó, la gota había caído y tras esta vendría todo el dolor. El abismo imparable llegaba sin encontrar el fondo.
Hay terapias Petia, pero también hay mujeres. ¿Cuántas mujeres? Una. Y se llama Carlota. Sí, y tú lo sabías, dijo él. Pero no era así, simplemente sintió una punzada de intuición que despejara una verdad velada hasta entonces. ¿Cómo es que me dijiste que no había nadie?¿Que no te habías acostado con nadie? Sólo quería protegerla a ella, pero eso era cierto, no nos hemos acostado. Simplemente ocurrió, nos enamoramos.
Petia intentaba asir todavía aquellos girones que quedaban y le decía ¿Qué tiene ella que no tenga yo? - Pues... tengo más cosas en común con ella que contigo.
Ellos siempre habían sabido todo el uno del otro. Los pensamientos de uno eran conocidos por el otro sin mediar palabra. Eso a mí me daba asco. No soportaba la rutina. Pero, bueno, si eres tú el que nunca quería salir. No, contigo no. A mí me hacía ilusión conocer tu reacción o tus pensamientos cuando sucedía algo a nuestro alrededor incluso antes que tú mismo. Tú te asqueabas, lo ignoraba.


III
La mujer recordaba situaciones de hacía meses que ahora veía con otra perspectiva.... incomprensibles antes empezaban a cobrar sentido.
Su marido mostraba una cara que había permanecido oculta. Como aquel día de la discusión del tabique, en que concluyó un tranquilo debate de meses, cuando ella insistía en quitarlo para unir habitaciones con evidentes ventajas, y él ya no tenía argumentos. Y llegó el último: el tabique o yo. Debía estar bromeando, pensó, mientras él pronunciaba estas palabras con una sonrisa  sus ojos la miraban a la cara tranquilos, riendo también. Quizás sea mejor dejarlo, dijo ella, prefiero no tirar el tabique, no cambiar nada, estar juntos con lo que tenemos.
Pero ahora todo era distinto. Sentados en el borde de la cama, en un momento después de discutir por toda la casa... en el sofá, en el umbral de la cocina, ahora él se iba y ella lo seguía..., acusaciones, reproches..., rutina.... y otra mujer... Todo estaba ahí como en una jaula, todo revoloteaba... En ese momento, en esa cama que ahora ya no les unía, él la tranquilizaba: pero no te preocupes, hay muchos hombres, tú eres fuerte. Quizás pensaba él que ella podría  tranquilizarse con aquellas palabras, hay muchos hombres, tú eres fuerte. Sin embargo ella no se sabía fuerte y no quería a ningún otro.
Después de la hoguera en aquel campo de su infancia llegaron a casa de nuevo. Por fin, en la noche de San Juan, ardió todo. Y sólo quedaron aquellos fantasmas que no la dejaban dormir. Todo el dolor y nada que decir y se acostaron. Cada uno en su lado, la cama era un océano y ellos dos extraños. Él le ofreció Orfidal: Ponte media debajo de la lengua, me lo han dado a mí y me funciona. Lo tomó, pero no podía, no se dormía, y escuchaba esa respiración caer como un hachazo cada vez. Esta violencia del destino era insoportable. Petia decidió irse al sofá, pero aún oía dormir al hombre de su vida en la habitación de al lado, es extraño. Se fue a otra, más lejos, cerró la puerta tras de sí, puso una música suave... Pablo Milanés cantaba, una luz tenue... y lentamente, después de unas horas, se durmió. Amanecía.
Una nueva vida empezaba con la mañana. Este dolor ya no sabía si era de muerte o nacimiento pero estaba allí, un dolor inmenso y lacerante..., angustia y vómito.


Cartagena, a veintitrés de agosto de dos mil diez,
Mª José Contador.

jueves, 22 de agosto de 2013

El último tren.

Este es el título de mi  último texto, correspondiente a mi participación en el concurso de microrrelatos del club de escritores Fuentetaja, "Cuentos desde el andén",enlace:
http://www.clubdeescritura.com/convocatoria/ver/anden/1492
 Aquí lo dejo:

La abrazó con ternura. Ella se revolvió entre sus brazos saboreando el cálido encierro. La miró a los ojos, pensativo, unos segundos eternos para Leonor, que hubiera querido decir algo, detenerlo, impedir su marcha. Leonor, sus ojos negros bañándose en lágrimas, negándose a dejarlas caer, los rojos labios carnosos, callados, cerrando el paso a una palabra no se despegaron. Lo miraba de un ojo a otro, observaba sus comisuras buscando  un leve movimiento, aún un pequeño temblor. No quería pronunciar una mínima manifestación de súplica, de debilidad.  

Él esperaba una señal, para quedarse definitivamente instalado en su amor,  pero Leonor no dijo nada, ella tenía los ojos acuosos, pero sus labios majestuosos y firmes no dejaban atisbo. Tomó su cara entre las manos y la besó suavemente, en las dos mejillas, con mucha calma, el aire entre ellos era una sustancia densa, y los movimientos se hacían lentos.

El hombre de su vida se fue como había venido, sin que nadie lo sospechara. Desde el andén de aquel apeadero vio cómo subía al último tren.

Leonor está allí, cada día a las 20.05 h, desde hace veinticuatro años, para ver salir todos los trenes, como si esperase una nueva oportunidad.


Código de fuentetaja: http://goo.gl/oTlXcS.

Estoy muy contenta de haber participado en esta pequeña aventura en compañía de mi buena amiga Vero G. N.

Gracias a todos y, en especial, a ti por tu apoyo en esto y en tantas otras cosas, querida amiga.


 Un abrazo.


(Este contenido es provisional, en el momento en que se falle el concurso lo pondré aquí)

martes, 6 de agosto de 2013

¿Qué no es el arte para ti?


Las señoritas de Avignon. Pablo Picasso. 1907
ARTE ¿Qué es el arte? En realidad todos tenemos una idea formada y clara de lo que es el arte, pero ¿tenemos tan bien definido qué no lo es? Desde comienzos de siglo XX, cuando Picasso pintó su obra “Las señoritas de Avignon” donde persigue una idea que no pretendía encontrar la belleza, si no más bien la provocación, no solo con el tema pues el cuadro representa un burdel, también con la forma de pintar, tanto Picasso como Braque manifestaban su intención de rellenar los espacios con la masa pictórica como lo haría un albañil. Nada, pues, hay de aspiraciones idílicas ni de virtuosismos o alardes técnicos, que consideraban trasnochados y propios de otra época. El artista empieza a utilizar el arte de la provocación de una forma absoluta, tanto en el concepto como en la forma.



Esta es la primera gran revolución estética del siglo XX, que marca un hito histórico, después de muchos siglos.


En la segunda acometida entre las convulsiones del arte en su proceso de crecimiento hay que reconocer su valor a Wassily Kandinsky en 1910, con su primera acuarela abstracta, Abstracción nº1, la pintura se despoja de un concepto representativo, y éste pasa a ser puramente expresivo. Su autor elabora un vademecum artístico describiendo la capacidad expresiva de los elementos del lenguaje visual, y lo lleva a la praxis. Sus manchas y formas  se articulan creando, descubriendo, un universo conceptual nunca antes imaginado.


Abstracción nº1. Wassili Kandinsky. 1910.
"El negro es como el silencio del cuerpo después de la muerte, el final de la vida". - Wassily Kandinsky, 1911. Kandinsky, que era un músico consumado, dijo una vez: "El color es el teclado, los ojos son las armonías, el alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que toca, toca una tecla u otra, para causar vibraciones en el alma". El concepto de que el color y la armonía musical se vinculan tiene una larga historia, desde estudios científicos como, por ejemplo, de Sir Isaac Newton. Kandinsky utiliza el color en un tono de forma muy teórica con la asociación de timbre (el carácter del sonido), el tono con el tono y la saturación con el volumen del sonido. Incluso afirmó que "cuando vio el color oyó la música”. Ésta concepción del arte de Kandinsky pone de manifiesto que entendía el arte como una forma de expresión de sentimientos y sensaciones más que una propia descripción, por lo que veía las artes plásticas con semejante paralelismo con la música. Las artes plásticas adquieren -y en este caso la pintura- a partir de este momento histórico la capacidad de ser la expresión del alma más directa, como la música y la poesía.


La tercera revolución del concepto artístico, y ésta es definitiva, se la debemos a Marcel Duchamp. Él crea un nuevo género artístico-plástico, el ready made. El primero de ellos, "El botellero", es un simple objeto cotidiano, austero y hasta rudo, que se convierte en obra de arte en ese justo momento en que pierde esa funcionalidad que le dio su razón de ser, cuando Duchamp lo coloca sin ninguna manipulación en una sala de arte, desprovisto de botellas y de su contexto más natural.


El botellero. Marcel Duchamp. 1914.
Por supuesto que esta nueva visión no cerró las puertas de las artes plásticas como la pintura o la escultura, pero sí recaba la importancia sobre el hecho conceptual en relación con el puramente técnico.

El arte es un objeto sin una función claramente definida. A lo sumo, el arte puede resultar un buen canal expresivo, pero nunca ha de constituir un único objetivo de orden comunicativo. Pero ésta cuestión expresiva se puede resolver con una simple actitud, por parte del artista, por ejemplo, es decir, si el arte tuviera una función nítidamente comunicativa estaríamos hablando de publicidad.

A menudo se escucha no me gusta éste o aquel artista, no lo entiendo. Esta es una razón que siempre se atribuye a artistas abstractos. Algo hay que nos hace suponer que comprendemos lo que el pintor realista, o al menos figurativo, nos quiere decir,  ¿acaso estamos suponiendo que esa imagen corresponde únicamente a lo que representa y que no lleva implícito un lenguaje cifrado y que poco a poco podemos descubrir? No hay que hacer ese tipo de lecturas donde a una obra artística se le otorga un significado en relación directa, unívoca, con aquello que representa.

Por otro lado si consideramos que una obra es Arte sólo debido a su calidad técnica, oficio, ¿no estaríamos hablando de un buen oficio artesano?

Vuelvo de nuevo a la pregunta inicial: ¿qué es el arte? O mejor dicho, ¿qué no es arte para ti?

Bibliografía.
- Para las imágenes:

  • http://www.artespain.com/grandes-obras/%E2%80%9Clas-senoritas-de-avignon%E2%80%9D-obra-con-la-que-picasso-revoluciono-el-mundo-del-arte/
  • http://piquio.com/guiate-por-la-razon/creacion/ampliar.php?Id_contenido=380
  • http://www.koult.es/2010/06/vestidos-bailarines-y-maquinas-pintoras/
- Citas:
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Vasili_Kandinski






viernes, 26 de julio de 2013

Lapsus.


Tenía ojos del color del mar en invierno, indefinibles. Profundos. Miraba sin fijar la vista, como muy por detrás de cualquier cosa que tuviese delante. Parecía anulada, ausente. Sí, su mente se había parado a las cuatro y veinticuatro de la madrugada de aquel día. Para el resto del universo así era pero ella seguía reviviéndolo todo cada minuto de su existencia sin que nadie se percatara.  Después de aquello - la discusión, el accidente - nunca volvió al mundo de los vivos y se quedó atrapada  en esos trece minutos, en ese lapsus... Mientras le daban la comida, y masticaba y bebía, la vestían y la llevaban caminando al parque cogida del brazo, ella estaba en aquel coche, por una autopista, a 155km/h, llovía, y me gritaba, lloraba, pegándome como podía..., perdí el control del volante..., pero en la cabeza de Josefina ocurría todo una y otra vez, caimos por el puente, nos golpeamos contra la superficie del agua del pantano, nos sumergimos. Y me rompí el parietal, traumatismo craneoencefálico, mi muerte fue instantánea. Ella fue rescatada pero en su pensamiento nunca consiguió salir de aquel coche.

Me quedé en este recuerdo que no era tal, digamos en esta otra realidad, para que no estuviera tan sola luchando con aquella culpa que no era sólo suya.

Yo ya no la quería, se lo dije. Iba a dejarla, pero ahora ya, qué más da.

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