domingo, 6 de diciembre de 2015

El reloj de arena.

El tiempo acecha dentro de un silo
detrás de una montaña de arena
que se desliza por un orificio mínimo
y en el torbellino único se consume.

Inopinadamente llega el punto
en que no queda un minuto más,
ni un segundo, ni un grano de arena
para respirar en el vacío del reloj.

Todo se ha consumido, entonces
queda tan sólo un secreto recuerdo
de cada tránsito de cada partícula
de tiempo en nuestras vidas.

Dar la vuelta al recipiente de vidrio
reunir los granos de nuevo
empezar la montaña mientras cae,
sea anhelo o condena.

¿Sólo depende de cómo valoramos el cambio?
El paso, gota a gota, por el istmo
de hueco temporal se rellena inexorablemente
por la gravedad del tiempo.

Una nueva oportunidad en cada volteo.
Un amanecer y una pequeña muerte hasta que
de repente cesa, sin ser esperado, el gran movimiento.
Y no habrá ya otro paso en este huso de cristal.


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