lunes, 12 de octubre de 2015

La sombra de los días

Inspiro, lleno mi pecho
de este aire prestado
que respiro  cada día.

Una mortaja me espera
con el pabellón alto
como una goleta funesta.

Hinchada de lebeche y mar
recorro la senda
sin equipaje, sin miedo.

Voy, ya voy, avanzo
sin rodeos, enfrento mi destino
y nada me demora.

No quiero dejar huella,
como caminar sobre el agua,
sin que se note, es mi deseo.

Como mi vida, sea la despedida,
andando, calma la mar,
hacia un ocaso  cualquiera.

Busco ese navío negro
para vestirme con su vela
y deshacerme en la sal.

El velo negro sobre la lisura
del agua flotando y yo,
ya mar, alga, pez, aire salobre.
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