miércoles, 22 de mayo de 2013

Alma mía.

Mi cabeza..., la siento vacía, me duele la nuca, me duele el estómago, mi corazón está solo hoy. Me siento sola en este invierno que se instaló aquí, como en el jardín del gigante egoísta.

El alma dolosa, disfraza su pesar entre los recodos del cuerpo y decimos y sentimos que todo duele. Pero qué cuerpo no se quejaría cuando ella, a la que acoge y alberga, no deja de llorar. ¡Ay, alma llorona...!

Me duele hasta el alma de tanto penar mi cuerpo por su llanto. ¡Ay, alma llorona...!

Llegará la primavera y las rosas perderán sus espinas para que sientas su caricia y las margaritas te enviarán con sus pétalos amarillos los rayos de sol, alma mía. Las nubes te acunarán para que no llores más, alma mía.

 No llores más.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Ciudad nocturna.

La noche me sorprende con luces amarillas, cielo negro y habitantes solitarios que deambulan en silencio. Frío de mayo. Las casas calladas encierran sus secretos a mi mirada. La ciudad es un león dormido, sólo un coche que se dirige con determinación hacia algún lugar inquieta su sueño. Y todo es tan cotidiano e irreal que siento que estoy viendo el sonido del diapasón en si bemol; el son del tiempo que se nos escapa.

La vida como la ciudad está ahí y yo, como el diminuto vehículo, transito sin dejar rastro, sin hacer ruido, sigilosamente, humilde, y aunque aparento consciencia del camino, tampoco sé hacia dónde voy.

Mañana, el día traerá fe en otra realidad de idas y venidas, aglomeraciones, prisas, retrasos, informes, y creeremos saber hacia dónde nos dirigimos, y cuál es el vector que nos lleva.


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